El 1 de mayo se celebra el “Día Internacional de los Trabajadores” y pese a que es un feriado en casi gran parte del mundo, miles de personas se levantan muy temprano ese día para salir a las calles. No es para menos, se trata de conmemorar el momento más importante que ha vivido el movimiento obrero en su lucha por disminuir la jornada de trabajo.
“Como representantes de los trabajadores organizados, declaramos que la jornada de trabajo de ocho horas permitirá dar más trabajo por salarios aumentados. Declaramos que permitirá la posesión y el goce de más bienes por aquellos que los crean. Esta ley aligerará el problema social, dando trabajo a los desocupados. Disminuirá el poder del rico sobre el pobre, no porque el rico se empobrezca, sino porque el pobre se enriquecerá”. (Declaración de la Federación Norteamericana del Trabajo, Cleveland, 1882.)Mientras en Estados Unidos los trabajadores luchaban por la jornada de ocho horas de trabajo, en Bolivia todavía se definía la construcción de una nación independiente. El liberalismo llegó a fines del siglo XIX y recién a partir de ese momento se puede hablar de una lucha similar a la sostenida por el movimiento obrero norteamericano con sangrientas jornadas.
La consigna de “tierras al indio y minas al Estado” fue uno de los reclamos centrales levantado por los obreros bolivianos, quienes escribieron las bases del movimiento a fines de 1946, en las conocidas Tesis de Pulacayo. Aprobadas por la Federación Sindical de Trabajadores Mineros. En sus páginas centrales se establece que la liberación de los trabajadores sólo podrá lograrse cuando se acabe con el sistema capitalista y se construya la sociedad sin clases. Con estas reivindicaciones llegó al poder el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) en abril de 1952. La nacionalización con indemnización, la reforma agraria que dio paso al minifundio y el voto universal fueron algunas de las tareas centrales que impulsó este gobierno. Sin embargo, las demandas laborales fueron relegadas.
Después de algunos años, los movimientos laborales se dieron cuenta que el MNR no era su gobierno y nuevamente se registraron movilizaciones que demandaban mejores condiciones y una mejor remuneración salarial. Las demandas sociales que fueron acompañadas de huelgas, marchas y otras medidas de presión estuvieron a poco de imponer un gobierno de los trabajadores en 1970 con la instalación de la Asamblea Popular, que para algunos medios fue considerado como el “primer Soviet de América Latina”. Los sectores empresariales y principalmente los intereses extranjeros impidieron que este tipo de gobierno pudiera ser una realidad.
En agosto de 1971 se impulsó un golpe de estado encabezado por el entonces Coronel Hugo Banzer. Desde entonces los gobiernos dictatoriales se sucedieron uno tras otro hasta 1982, cuando logra recuperarse la democracia. Pero esta conquista no significó un avance para los trabajadores, porque en 1985 volvió a ser gobierno el mismo partido que en 1952 hablaba de socialismo: el MNR. Ese año, el entonces presidente Víctor Paz Estenssoro, promulgó el Decreto Supremo 21060 que dio paso a la conculcación (quebrantamiento de una ley, obligación o principio) de todas las conquistas laborales que hoy en día intentan ser recuperadas.

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